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Something beyond place

"Elsewhere" ("En otro lugar"). El letrero estaba en un árbol, en medio del camino - un koan escrito usando ramitas - dejándome claro que ahora me encontraba en el Valle de Sensaciones.
Ken Kesey y los Alegres Bromistas establecieron memorablemente la destinación de su autobús hacia "Furthur"*, término subversivo de algunas estructuras y restricciones del lenguaje. La camisa de fuerza de la sintaxis y el deletreo, obviamente, pero ellos desde luego fueron más allá, más allá, muuucho más allá - hasta ese muro de imposibilidad en el que todos nos estrellamos cuando tratamos de describir lo metafísico con palabras.
El término "Elsewhere" también tiene el arrebato de la subversión, una invitación al atrevimiento, nacida de la belleza y la gracia en esta parte especial de Las Alpujarras, en la España sureña.

Mientras me adentro un poco más en el Valle, el koan aún zumbando en mi mente, la magia se desenvuelve: Las líneas rectas son pocas y lejanas entre sí en el Valle, literalmente y metafóricamente. Puertas y ventanas enmarcadas con ramas de árboles. Mosaicos de poesía quebrada se fusionan con los colores naturales, retando a Gaudí con un toque de Hundertwasser.

*Nota del Traductor: "Furthur" es una deformación consciente de la palabra "Further"("más allá" o "más a fondo"). Es un término inventado por Ken Kesey y sus amigos los "Merry Pranksters" (Alegres Bromistas, o Gamberros), que a principio de los 60 emprendieron el mítico viaje en el autobús que ellos bautizaron como "Furthur" ("muuuucho más allá...") inaugurando así el comienzo de la revolución psicodélica y la contracultura hippie norteamericana. La palabra "Furthur" estaba escrita en la parte delantera del bus, y el autor de este artículo nos dice que el letrero con la palabra "Elsewhere" le hizo pensar en el letrero con la palabra "Furthur" del mítico autobús. Todo un halago para la gente del Valle, desde luego.

¿Dónde dormir esta noche? ¿Una casa-árbol que se mece suavemente con la brisa? ¿Una cueva excavada en un barranco? ¿Una cúpula geodésica? ¿Una habitación hecha con arcilla, madera y paja, con un suelo de cantos rodados? ¿Una cama al aire libre en un bosque de bambú? ¿Un tipi? Esas son sólo algunas opciones.
La ecoaldea Valle de Sensaciones fue fundada por el viajero visionario y comunitario veterano Achim Burkard 15 años atrás en un barranco inclinado cerca del pueblecito de Yatór. Es casi invisible – no es algo con lo que uno tropieza en una ruta con un coche alquilado una semana por Granada. Abundante luz solar garantiza electricidad y cálidas tardes de contemplación, y un riachuelo provee agua para la piscina y la ducha. Programas experimentales y exploratorios son puestos en marcha cada año en El Valle, uno de los cuales, como descubrí más tarde, es titulado "Elsewhere", el origen del letrero.

"No nos enriquece lo que poseemos, si no lo que no necesitamos.” Kant

En el Valle no necesitas contador de agua o luz. Pasas sin comida industrial. Sin TV, radio, o medios de información. Pasas sin pretensión, sin postureo, sin estatus, sin competición, sin religión organizada, sin la coacción del conformismo. Pero sobre todo, pasas sin dinero. La libertad siempre está presente, suavemente penetrante, ampliamente sin mención, porque no hace falta. Es una seductiva inversión de la consciencia masificada, demostrando otra forma de vida. Conexión, honestidad, comunidad, amor, confianza– estas son las divisas del Valle.
El gong de la comida provee percusión al suave flujo del día. Mantenimiento y cocina son actividades comunitarias, cada uno escogiendo cómo contribuir de acuerdo con su estado anímico. Esto funciona, contrario a la falacia del “hombre económico”, porque la energía proviene de un profundo deseo de contribuir, en lugar de una competitividad basada en "poseer" o "ganar".

Un día puede incluir leer en una de las hamacas, creatividad con madera, arcilla o pintura, ayudar a completar el templo lunar construido naturalmente o algunos mosaicos, sentarse en sofás en la "sala de estar" estimulado por la conversación comiendo almendras, una celebración del equinocio en la Rueda de la Medicina, o flotar en un colchón de aire en la piscina suavemente vagando bajo un olivo con la brisa. (No hace falta decir que la piscina no es estéril, azul y cuadrada – es circular, construida con rocas y amor, llenada por el flujo constante del riachuelo).
Pero a pesar de estar escribiendo acerca de un "lugar", el Valle de Sensaciones no es fundamentalmente un lugar - es algo más allá del espacio... Es una filosofía de cómo vivir una vida de plenitud en armonía con el planeta, cristalizada en forma material. Un ejemplo manifiesto de psicogeografía, donde cada momento es parte de un extenso viaje sin planificar, (y, significativamente, sin necesidad de abundante alcohol para lubricar el flujo de la magia). Las conversaciones se llevan a fondo y a lo ancho, y no hay temas tabú, dejando atrás en el pavimento la constreñida y semi-calculada comunicación de la sociedad burguesa.

Es domingo por la tarde. La luna llena se alza sobre la higuera, brillante y clara en el estrellado cielo andaluz. Más tarde, en su viaje, se transformará en "luna de sangre" por pocas y cortas horas. Ribetes de las dulces canciones de arcoiris de Johanna suavizan el aire, acompañadas por los ritmos de tambor de Achim, que saben a Libertad y a Africa. El humo alzándose de la hoguera se mezcla con las prolongadas piruetas de los cactus, el fulgor de las caras con mejillas adoloridas por sonrisas que duraron todo el día, inmanentes en la calidez. Alcancé las parras que crecían por encima de mi cabeza, y nos dimos un festín de uvas. Mirando alrededor lentamente todo se funde, pensamientos esfumándose, mi corazón en una espiral hacia un lugar más allá de las palabras … una eternidad o un momento, qué más da… ¿Cómo podría ser esto más perfecto?...

Un artículo de Martin Dixon-Tyrer, publicado en su blog "Otra Vida"